La Fiera, telenovela estrenada en 1978, fue un éxito de audiencias en toda Venezuela, y se le considera como uno de los pilares entre las producciones dramáticas de este país. Contó con los textos de gran altura de Julio César Mármol y actuaciones de primer nivel de Doris Wells y José Bardina entre otros, pero fue el antagonista Eleazar Meléndez en piel de Carlos Márquez, el que se ganó los aplausos. Este mismo hombre, presencia del teatro, cine y televisión es quien hoy deja un vacío tras su desaparición física.

Néstor Chayelle

Carlos Márquez Cappechi, nacido el 19 de abril de 1926 en Guanoco, estado Sucre, pronto se mudó a la capital con apenas 10 años de edad, ciudad donde crece y donde más tarde daría sus primeros pasos dentro del mundo actoral. Esto ocurriría con apenas 17 años en el antiguo Ateneo de Caracas, donde descubre su amor por las tablas, esa pasión que le guiaría durante toda su vida y que sería el motor de su existir personal y profesional.

Néstor Chayelle

A Juana Sujo, su primera esposa y una de las personas más importantes de su vida, la conoció recién entrando la década de los años 50, con ella fundó la Sociedad Venezolana de Teatro y el teatro Los Caobos, obras que por siempre estarán ligadas a ambos y que son huella de su bien hacer para con la profesión en general. De la actriz argentina se despidió cuando esta falleció en 1962, o como el mismo Márquez lo describía, cuando “se fue de gira” a los 44 años.

Dolores Beltrán, su última compañera, también lo dejó en 2014, sin hijos pero con una vida plena y una familia amorosa, dos realmente, la de sangre y la que creó entre sus compañeros, maestros y alumnos de los escenarios, el público y sus admiradores, en quienes dejó una huella inolvidable.

Néstor Chayelle

Novelas, obras de teatro, películas, libros y una cantidad enorme de emociones dejadas en los distintos medios a los que se avocó, son el principal legado que deja una de las figuras más imponentes e importantes de las artes histriónicas nacionales, que hace pocos días, cerca de cumplir los noventa años, también “se va de gira” a otro plano.